En muchos edificios, especialmente en los construidos antes de los años 80, el aire entra y sale por rendijas, huecos o uniones mal selladas sin que nadie lo perciba. Sin embargo, esta falta de estanqueidad es una de las principales causas de pérdida de energía en los hogares.
Cuando un edificio no es hermético, el calor que generamos en invierno (o el fresco en verano) se escapa por juntas mal selladas, carpinterías envejecidas o encuentros mal resueltos entre fachada y forjado. Como resultado, la calefacción y la refrigeración trabajan más, aumentando el consumo energético y reduciendo el confort interior.
Según diversos estudios, las infiltraciones de aire pueden representar entre un 20 % y un 30 % de las pérdidas energéticas totales de un edificio. Es decir, una cuarta parte del gasto en climatización se puede estar yendo literalmente por las rendijas.
¿Qué se puede hacer?
- Diagnóstico técnico
La primera medida es conocer el estado del edificio. Ensayos como el blower door test o el uso de cámaras termográficas permiten detectar fugas de aire y evaluar el nivel de hermeticidad real. - Reparar y sellar
Actuar sobre carpinterías, juntas, cajas de persianas y pasos de instalaciones mejora notablemente la estanqueidad. En muchos casos, basta con intervenciones sencillas y de bajo coste. - Rehabilitar con criterio
Cuando se aborda una rehabilitación energética, la hermeticidad debe ir de la mano del aislamiento térmico. Un buen aislamiento pierde su eficacia si el aire lo atraviesa libremente. La clave está en lograr un envolvente continua y sin fugas, como se hace en los estándares Passivhaus.
Un problema generalizado
La mayor parte del parque edificatorio español sufre carencias graves de hermeticidad. La normativa de aislamiento y eficiencia energética no se introdujo hasta 1980, y aún hoy son escasos los edificios que alcanzan niveles adecuados de estanqueidad. Esto supone una oportunidad enorme de mejora: intervenir en la envolvente no solo ahorra energía, sino que mejora el confort, reduce las humedades y revaloriza el inmueble.
En resumen
La estanqueidad no se ve, pero se nota. Invertir en un edificio bien sellado es invertir en confort, salud y ahorro.
Porque, al fin y al cabo, el aire más caro es el que se escapa.
